Pero solo dos, -seguramente habrá muchos más- y ambos con condenas de más de veinte años, han salido del trance sin odio ni rencor. Uno es Nelson Mandela, del cuál ya había leído pasajes sobre su vida y su sentir, sobre sus veintisiete años de cautiverio, matizaciones que me corrobora la película.
El otro, mi amigo Marcos Ana, al cual el día veinte de este mes le organizamos la fiesta de su noventa cumpleaños, de los cuales, veintitres los pasó en las cárceles de la época franquista. Entró de diecinueve analfabeto, aprendió a leer y a escribir en prisión y se convirtió en poeta. Eludió en última instancia dos penas de muerte y fue amnistiado veintitres años después. Ha sido el preso político que mayor tiempo ha permanecido en prisón.
Ambos entraron por sus creencias, ambos sufrieron el desprecio, el aislamiento y la perdida de gran parte de su vida, y ambos salieron sin rencor, sabiendo perdonar. Esto nos tendría que hacer reflexionar.
Un saludo
