Hola Morenita, siento mucho que lo estés pasando mal con tu chico. Dale tiempo al tiempo, seguro que se dará cuenta que ha cometido un error.
Besos
Ella sospechaba de sus probables dudas, de su más que cierta inseguridad. Pero lo que nunca podía pasársele por la cabeza es que el Filetes, ese que delante de todos los compis iba siempre de sobrado, demostrara en privado tamaño titubeo. Ella siente las mismas sensaciones que en esa su primera ocasión de a los catorce añitos, esas dudas, ese nerviosismo tan característico de la ignorancia. Y percibe que a su nueva pareja le ocurre algo parecido.
¿De esto se trata? Esto es lo que había escuchado a ráfagas en el patio, esto del síndrome del amor con grilletes, un amor idílico, casi infantil, que se da dentro de prisión y en la época de la pubertad. Un amor que desaparece con la misma intensidad con la que aparece cuando el recluso sale en libertad o cuando el joven llega a su edad adulta. Un amor basado en una ilusión idealizada por el entorno, por la soledad, por la inseguridad, pero con pies de barro. Rara vez progresa o se mantiene una vez traspasada la barrera a una nueva vida; se esfuma como el éter, se evapora.
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