A partir del momento que el detenido ingresa en prisión, tenéis que haceros con los servicios de un buen abogado. No hay más remedio. Y un buen abogado no es el que cobre los honorarios más elevados, sino el que tome mayor interés en vuestro caso. Ya sé que el Estado pone a disposición del defendido, en caso de que sea insolvente, un abogado de oficio. Y a este abogado lo designan por sorteo, es decir, que cualquier profesional puede ser asignado a vuestro caso: el Profesional, el Encumbrado, el Normalillo, el Malo o el recién Licenciado de la Facultad. El problema radica en saber si el letrado que te asignan, se tomará el interés suficiente en llevar con decoro el proceso hasta el juicio.
Si tienes la suerte de que por sorteo te toca el Profesional, éste preparará una buena defensa y conseguirá para ti la absolución o la condena más suave. Si el caso termina en manos de un abogado de prestigio, el Encumbrado, éste se lo dará al pasante en prácticas de su bufete. Después aparecerá él, la megaestrella en el juicio, sin apenas haber hojeado el sumario. Los Normalillos, preparan el juicio un par de días antes y por esa regla de tres suelen perderlo. El Malo, quizás lo preparé pero no sabrá exponerlo o no conocerá los resortes adecuados en los juzgados, Y por último, está el Novato, que sí, pone todo el empeño en el caso, pero la falta de experiencia le impide lograr un veredicto favorable para el reo.
Por eso insisto en que contratéis un buen abogado, os gastéis el dinero en él, porque será la mejor inversión de vuestra vida. La diferencia radica en lograr la absolución y/o una condena benévola o pasarse un largo tiempo entre rejas.
Es complicado recomendar a un profesional serio, honesto y competente, ya que los penalistas suelen quemarse con facilidad y olvidan en algunos casos el decálogo de su profesión. En el apartado Asesoría Legal / Abogados, os daremos una breve relación de algunos abogados, que por experiencia y resultados, hemos escogido para vosotros.
Desde el momento que contratéis el abogado y una vez pactado el precio de todo el proceso, incluido el juicio, las visitas al detenido y todos los trámites ante el Juzgado, podéis tomaros las cosas con más calma. La burocracia judicial es lenta, y tendréis de aprender a ser pacientes. Eso no quita para que cada semana llaméis al abogado a darle la tabarra; que no piense que os habéis olvidado de él.